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En Defensa de la Poesía:

mayo 9, 2014
Dante (detalle), Domenico di Michelino, Florencia 1465

Dante (detalle), Domenico di Michelino, Florencia 1465

 

En Defensa de la Poesía:

¿Puede nuestro pensamiento expresar una verdad absoluta, o es siempre solo una aproximación a la realidad?

R.F.M. 5/2014

En La Republica (circa 380 aEC), los diálogos de Platón (428-347 aEC) definen el valor de la literatura didáctica, sobre todo el valor teológico y la retórica, mientras al mismo tiempo citan que “hay una vieja disputa entre la filosofía y la poesía” (República, Libro V, 607b5-6).

Por el uso de metáforas, la dialéctica socrática de Platon presume que la poesía sólo sea un camuflaje[*] que suprima la verdad de nuestra realidad, por lo tanto la poesía sea incapaz de transmitir verdades divinas. Esta interpretación se extiende a las tradiciones grecolatinas europeas y persiste dicotomizada en contraste con el desarrollo de la literatura religiosa medieval del occidente—paradójicamente, empero, el dominante arraigamiento de la simbología religiosa. Es a partir del siglo trece y catorce que los grandes pensadores italianos Dante Alighiere (1265-1321), Francesco Petrarca (1304-1374 ) y Giovanni Boccaccio (1313-1375 ) inician una concepción humanizadora del mundo. Ellos se identifican con una síntesis de la filosofía platónica mediante la cual las metáforas en la poesía se afirman desde ahora en terminos positivos. Aunque ellos estaban siempre conmovidos por el legado de la antigüedad; también se preocupaban de desarrollar nuevas tendencias literarias que se desprendiésen de la tradición. Esta época llegará a conocerse como el Renacimiento[**]: El comienzo de la era de la literatura moderna a través de la exaltación metafísica de la poesía.

En el De vulgari eloquentia (circa 1302), Dante elabora un análisis de todos los estilos y registros lingüísticos, aunque al final solo llega a abordar el estilo sublime o trágico. Esta labor se centra en la obra de la Escuela siciliana y la de los Estilnovistas sobre el tema amoroso. Dante reconoce que la poesía también pueda trasmitir verdades divinas, esto es, que además de resultar placentera, las expresiónes alegóricas, sobre pasiones humanas, son útiles, didácticamente hablando.

También Petrarca, en la Carta X, 4 de Le Familiari (1349) aborda la cuestión de la alegoría como clave interpretativa de la poesía en la Edad Media; para ello, establece el uso de la alegoría como la principal semejanza entre el estilo teológico y el poético. En este sentido, en su opinión, el origen de la poesía está en un uso especial del lenguaje para apelar a lo divino.

Luego, al lado de la atención biográfica que presta al poeta Dante, Boccaccio expone una defensa rigurosa de la poesía y se sitúa además en la tradición interpretativa tanto de los textos profanos, como de los sagrados, persiguiendo en ambos un segundo nivel de significación.

En su alegato por la poesía, Boccaccio exalta el servicio que esta presta con su poder. Su tratado en latín titulado Genealogiae deorum gentilium libri–completado en 1360, y enmendado hasta su muerte en 1374–, es una especie de manual para poetas y lectores de poesía que resultaría importante como transmisora de la mitología clásica de la Edad Media al Renacimiento. Su singular defensa de la poesía se basa en distintos principios. Su universalidad, su antigüedad, el respeto que siempre ha concitado entre los poderosos, su origen divino que la apartaría de cosas terrenales, etc. . ., se sintetizan en la idea de que la poesía concita tres aspectos esenciales: la verdad, la ficcionalidad y la belleza. Por lo demás, las condiciones indispensables a la hora de la creación literaria: la disciplina, el estudio y el trabajo del poeta, no obstan al orígen divino, o a la revelación de lo que es sublime. Boccaccio intenta así demostrar que cuando se interpretan alegoricamente los textos seculares, estos también pueden reflejar una verdad tanto moral como religiosa.

R.F.M. – New York City, Abril 28, 2014

[*]Nota: El término “camuflaje”--enmascaramiento de la naturaleza--, el cual se utiliza en La República, Libros II, III y X por Platón (circa 380 AEC), difiere del término "mimetismo" del griego mimēsis--en el sentido de una imitación laudable--que se utiliza por primera vez en 1550.

[**] Wikipedia: ‘El Renacimiento' es una palabra francesa acuñada por el historiador francés Jules Michelet y diseminada por el historiador suizo Jacob Burckhardt en el siglo 19. Este nombre se ha utilizado históricamente en contraste con 'la Edad Oscura', cuyo término acuñara Petrarca para referirse a lo que ahora llamamos 'la Edad Media.'

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Paraíso Celeste

mayo 9, 2014

Ulises llega a conocerla como la tierra de las sirenas que durante el Medioevo se convertiría en un gran imperio marítimo. Se encuentra a los pies del gigante Monte Cerreto, donde el ducado de Amalfi fuera una vez a refugiarse, como si en crisálida de musas ancestrales.

La tragedia de la duquesa de Malfi de John Webster, así como el realismo de Henrik Ibsen y la Gesamtkunstwerk del muy vilipendioso Richard Wagner se han hecho eco de la suerte de este legendario cariátide del placer sobre el Golfo de Salerno. Entre los acantilados, movimientos de fuentes estrepitosas danzan rimbombantes al ritmo de la Podalirio más allá de las Cruzadas menos venerables, claustros o monasterios, exhalando la metamorfosis barbárica de tantas razas. Sin embargo ahora, una mirada inquieta sobre el caminar desde la génesis del pasado perfila el seductor aroma de la dulce vida.

Excavado en un promontorio en el borde de un precipicio, entre los pueblos de Cetara y Vietri, proporcionando anchoas en aceite y cerámicas multicolores, se encuentra lleno de azulejos nuestro hermoso hotel llamado Cetus. En la cacofonía cromática del arco iris y salientes con la brújula eterna, sus regatas de remo zigzaguean a lo largo de la costa del mar, guiadas del sur hacia el noroeste, desde el Mar Tirreno al Mar de Liguria.

A su entorno, el río Canneto cruza el valle de los molinos que susurran baladas renacentistas al famoso papel bambagina. Como para retroceder de nuestro paso, los fiordos se encogen bajo un cielo brillante, acariciado por la niebla fina de vientos fríos. Oímos el rumor de las abejas y el penetrante aroma a ‘sfusato’ de Aetna; y del limocello se exprime suavemente magma embriagadora. Las entrañas peninsulares escupen el sabor y aroma de sus frutos llamativos. Tan intensa es la República Amalfitana que siembra la lava en el agua turquesa y los acantilados que la han amurallado.

Cantamos el Falalella bajo la penumbra crepuscular. Y luego levitamos sobre el resplandor de la costa de Salerno, Positano y Ravello, mientras éstas se lavaban en la llovizna fresca. Con el flujo y reflujo de la vida, las nubes enrojecidas se miraban en el espejo de las aguas tranquilas, barriendo la bahía azul salernitana. Amalfi, ciudad de Salerno, se encuentra enmarcada por la Región de Campania, donde los santuarios de Herculano y Paestum fueran construidos majestuosamente. Y a partir de las cenizas que hilvanaban tiempos mitológicos, las expediciones arqueológicas de Pompeya en el siglo XVIII exhumaron, entre muchos hallazgos, pinturas de la antigüedad que habían ilustrado el Ciclo de los Misterios Romanos, así como las conquistas de Alejandro Magno.

El tacto de antiguas manos todavía reverbera en el movimiento de nuestros sentidos. Dulce la imagen bajo el sol de primavera, que rebotara de barranco a cañada, y tambaleándose de escalinata a escalera hasta llegar al embarcadero ancestral. Abíamos anclado cerca del muelle desde donde se desplazaron las grandes galeras. Ellas como yo y mi compañía nos dispersamos, dejando atrás la visión del paraíso de las sirenas.

Ricardo Morin 04/20/14