Altercaciones de Piedad

¿Qué podríamos lamentar cuando líderes pusilánimes aún existan en Venezuela? Cuando no tengan alguna otra alternativa que no sea promover una asediada esperanza, con el objetivo de aplacar la urgencia a resolver una desbordante crisis humanitaria; una crisis que implica aproximadamente 27 millones de víctimas, muriendo de hambre, estranguladas por un narco-estado, a manos de una ínfima, pero poderosa, minoría de victimarios armados hasta los dientes. ¿Dónde se haya nuestra compasión cuando semejante genocidio, afianzado a mordaces incrementos, no permite otra alternativa que la de esperar por una incierta iluminación crítica, mientras los inocentes se canibalizan entre sí, aplastados en su dignidad, con la cola entre piernas, en espera de ser sacrificados por una bestia del sadismo hasta su último gélido aliento?

Si algunos de ustedes recordara la proposición del bitcom y los mini lingotes de oro—de lo cual, hasta hace poco, hacia eco la bestia Masburra–; le podría, entonces, ser comprensible, e incluso claramente intuitivo-sin un gran excedente de perspicacia-, que detrás de tal enredo financiero, contra-utópico, descansa la sombra del autócrata Vladimir Putin, bajo cuya estrategia conspiradora se haya abrazada tal atávico entusiasmo, incentivado por un extenso régimen de mafias cuasi-corporativas, a quienes se aúnan un sin número de sátrapas, la G2 Cubana—y sus auxiliares guerrilleros “de la ‘FARC”– sumándoseles al igual ISIS, con el singular propósito de sustituir al dólar y al euro por un sistema cambiario a favor de quiénes fueren, pasado y presente, los herederos del legado del KGB.

Mucho más deliberativos y peores que la misma Gestapo del siglo medio, estas actuales mafias rusas, el G2 y ISIS, además de ser máquinas de muerte investidas en ejércitos mercenarios y empresas anónimas, representan la inteligencia de un sistema cambiario apocalíptico. Se trata de un eje macabro que obra y se ejercita en todas las regiones del mundo con un alto radicalismo ideológico, cuyo objetivo es demoler nuestra civilización, y de cuya visión se pretenda aprovechar la susodicha oportunidad destructiva a favor de un mayor poder.

Sólo bajo los escombros de la economía imperante de los últimos siglos, ellos creen que un gran poder caería potencialmente sobre sus manos. Uno sólo necesitaría preguntarse qué está sucediendo con el blanqueo de dinero clandestino a través de carteles trans-nacionales que, paso por paso, desequilibran los sistemas económicos occidentales y orientales, mientras destruyen al ingenuo espíritu de nuevas generaciones.

Y no faltaría reflexionar qué exista en común sobre las ideologías y religiones de Rusia y el Medio Oriente para explotar las distintas regiones subdesarrolladas del mundo a través del hambre mortífero y que en tal desgaste ellos logren abrir una gran onda para su avance imperialista nunca antes visto.

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