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REPÚBLICO FRANCESCHI

febrero 22, 2018

Venezolanos de todas las razas, géneros y tendencias despierten contra la tiranía de todos aquellos aspirantes a ser reformadores con doble discurso, en una batalla delirante por el poder, contra la duplicidad de políticos mercenarios quienes atosigan nuestra atención.

Comencemos con el autodenominado “Doctor”, Alberto Franceschi-González, quien nunca ha cumplido con los requisitos de un doctorado académico, ni siquiera ha sido provisionalmente nominado en ningún campo de estudio en universidad alguna. Haber hecho acto de presencia en unos cuantos cursos indefinidos de educación superior en la Universidad de la Sorbona no le concede título alguno, ni mucho menos le convierte en académico calificable a doctorado. Tampoco, el hecho de haber aparecido durante los años setenta en el movimiento de resistencia español, contra el dictador militar, general Franco, le enarbola como experto en ciencias políticas. Como tampoco ser un lector empedernido le atribuya la capacidad de investigación científica. En Wikipedia, se dice que Franceschi jugó un papel decisivo en el éxito del derrocamiento de la Unión Soviética antes de la Perestroika (no gracias a Gorbachov). Y como si sus vanaglorias de profesionalismo fuesen insuficientes, Franceschi emula con orgullo las exiguas teorías del ideólogo aristócrata, Alberto García-Trevijano, a quien se refiere como su gurú y hombre de mayor sabiduría en España: un activista disidente de 94 años de edad, que al hablar espuma entre labios de ira incontrolable.

En su exagerada peroración, Franceschi imposta conjurando la intolerancia y el miedo a través de un cuestionable “moralismo Católico conservador”: su visión de lo que debe ser el matrimonio institucional, como un baluarte, el cual está bajo amenaza de ser dilapidado por un supuesto sentido de inmoralidad. Según él, su concepción de moralidad se enfrenta con una operación encubierta, a la cual se refiere como una conspiración de Hollywood, cuyo singular objetivo es inculcar masivamente la homosexualidad. Su fraseología es claramente el producto de una visión reaccionaria sobre circunstancias rocambolescas en línea con el autoritarismo del Vaticano que irónicamente se unge en cónclave de pedófilos, quienes se odian a sí mismos en secreto.

Las hipérboles de Franceschi no se detienen cuando las justifica como un panorama oscuro e incomprensible: un panorama según él, formado por una maquinaria omnisciente para el control de la conducta humana a través del cine y la industria mediática. Uno no necesita ir muy lejos para darse cuenta de que Franceschi desea ajusticiar la industria del entretenimiento dirigida por no cristianos. Y, por supuesto, sería así extremadamente difícil para un hombre ordinario como él, inmerso en prejuicios religiosos y charlatanería, llegar a un análisis coherente.

Contrariamente a lo que los homófobos quisieran que creas, el matrimonio gay es un paso hacia el enriquecimiento de la institución del matrimonio. El matrimonio como expresión de compromiso por el amor entre los humanos no debe restringirse al binomio de un hombre y una mujer. Es antinatural que la diversidad de amor entre los seres humanos sea limitada por autoridad alguna. El matrimonio debe ser el resultado de la libertad individual. ¡En ese sentido, la fortaleza de la institución del matrimonio es un activo para todos los miembros de la sociedad!

Tampoco es cierto que la modalidad lingüística de origen cubano, adoptada por Podemos y el PSUV, para adjudicar sufijos femeninos erróneamente a nombres colectivos sea ejemplo de la libérrima sexualidad que Franceschi pretende ridiculizar. Pero cierto es que su ignorancia es tan tenebrosa como belicosa. El matrimonio que santifica la capacidad de amar entre parejas del mismo sexo solo puede elevar la armonía entre seres humanos. Quien crea lo contrario esta basado en un basto perjuicio y resentimiento personal.

Estas diatribas de Franceschi son así de contradictorias, porque de un solo plumazo descalifica su propio apoyo a favor de las llamadas libertades colectivas, tal como aparentan haber sido erigidas por el movimiento MCRC de García-Trevijano, haciendo así falso el significado de República promulgado por su líder. que en un mejor sentido de inclusión se referiría a la diversidad humana, que es parte ineludible de la naturaleza en toda su complejidad. Es aún más grave cuando en la búsqueda de un mundo mejor del que el ser humano haya sufrido, en lugar de afirmar un mejor entendimiento del ser humano en todas sus complejidades, la división tribal, la marginación y persecución, deban ser enfatizadas por semejante pretendientes de reformas, así, como de hecho, la raza humana ha vivido atormentada desde sus orígenes milenarios, es decir; por infames reformadores religiosos a favor de valores “tradicionales.”

Las incoherencias apopléticas y galimatías típicas de Franceschi–su santurronería en el uso del lenguaje–, van mano a mano con hacerse llamar doctor, lo cual confabula una autoridad que no tiene; muy a pesar de que se haga práctica general de ello entre abogados y otras disciplinas del saber humanista en países hispanos. Dicha práctica les brinda el prestigioso pero ficticio cache de alguien capaz. Se trata de una práctica sin escrúpulos, que por muy inteligentes y narcisistas, sus adeptos están siempre preparados para presentar un análisis incompleto, insincero además de mediocre y cursi. Pudiese creerse que su propio sentimentalismo concite sentirse merecedor de todo acólito, pero la realidad es siempre más compleja e incierta de la que Franceschi pretende; menos clara que una biografía en wikipedia, abonada por sus seguidores. Su histrión temperamental y gesticulación agitada manifiesta inestabilidad de carácter: una vulnerabilidad que compromete su discurso ya de por sí ineficiente. Hago entonces mi misión desvestirle para balancear el seguimiento que unas 300.000 personas le hacen, adulándosele como si fuese un reformador que nos salvase de la tiranía Castrista.

En su etapa incipiente como animador de la política, Alberto Franceschi se jacta de ser Repúblico, tal como llama a su programa de EVTV. Con la imagen indeleble del conocido retrato del general Francisco De Miranda encarcelado en La Carraca (irónicamente una vez traicionado por el mismo Simón Bolívar quien se convertiría en fundador de la patria–venerado por todos los venezolanos), Franceschi habla de las raíces históricas de lacras partidistas en Venezuela sin exponer que la dictadura tiránica de Venezuela, hecha por matones, estaba dirigida hasta hace poco por el presidente totalitario de Cuba, Raúl Castro (hoy en día Miguel Diaz-Canel), y que Nicolás Maduro tan solo actúa como su hombre de paja pro consular. De hecho, Venezuela se convirtió en una dependencia de Cuba ocupada por mulas cubanas desde mucho antes de los comicios electorales de la dirección de Hugo Chávez (sirviéndole este también de mula), resultante de sesenta años de interferencia Castrista a través de guerrillas, para luego convertirse en partidos afiliados a la corriente principal del cuerpo representativo venezolano, aupados al mismo tiempo por una clase elitesca a quien les convenía servirles como cómplices. Se puede decir que Venezuela estuvo preparada para llegar a este esperpento crítico en su historia neocolonialista, entre caudillos centenarios y su inmadurez política. ¿Qué más se puede esperar de generaciones pasadas inclinadas a la distracción de “cuánto hay pa’ eso?”: Una corrupción de partidocracia tradicional, la cual Franceschi intenta borrar a través de la renovación del cristianismo. Sus argumentos y arengas incoherentes también son parte de una distracción análoga al “zelotismo” de Savonarola durante los años de la inquisición florentina del siglo XVII; e igual al desenfreno de las pasiones en el clero durante la Inquisición Española. Pero una cosa seria condenar la Dictadura Castrista en Venezuela y otra es convertirse en condenador de la diversidad humana bajo el manto de protección de la familia. Una cosa es ser cristiano católico y otra es posar como un velado anti-semita. La historia humana nos ha dado suficientes ejemplos de reformadores que terminan siendo peores de lo que han querido reformar. Esto no es más que una burla de quien pretende presentarse a nuestro servicio. Recordemos a Hitler o al susodicho Girolamo Savonarola; y dígame Ud., si Franceschi no pudiese caer ciertamente en los mismos excesos.

Con medias verdades y un discurso de significado doble, el complejo conflicto venezolano no se puede resolver. Venezuela será libre cuando desaparezca el espantoso legado de los Castros coludido con el narco-tráfico, el cual también se encuentra aunado a la infiltración islamita radical, tal como han sido propagados clandestinamente en los países de América. Esa es la verdadera amenaza que nos desafía a todos, para lo cual se requiere acción, con menos parloteo de entretenedores y menos histrionismos de telenovela política.

La verdadera solución está en manos de cualquier fiscal o tribunal de los países occidentales, quien, con voluntad legal propia, y potestad sobre el pacto de la Convención de Palermo, pueda detener y arrestar a todo miembro del organismo ilícito que actúa para delinquir o mantener impunidad, en vez de gobernar. Ese sería el marco legal para eliminar al Narco-estado venezolano en asociación con PDVSA. Dicha asociación es un puente para el crimen organizado que facilita el tráfico de drogas, blanquea dinero inclusive de Rusia e Iran, así como sufraga movimientos terroristas en el Medio Oriente. Esto afecta de igual modo a todos los países de las Américas, y Europa. Efectivamente el Convenio de Palermo se podría aplicar al caso del crimen organizado en Cuba y Rusia. Sin duda alguna el consenso entre todos los países de las Américas sería beneficioso, aunque no necesario, para poder lograr la seguridad del continente. Tan solo se requiere el dictamen de una corte, en un país, donde exista el estado de derecho y la separación de poderes. Este podría ser el caso de los Estados Unidos y su brillante Constitución de 1789 (revisada y enmendada hasta 1992), la cual permitiría al departamento de justicia de los Estados Unidos (Attorney General Jeff Sessions) aplicar la ley “The Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act (RICO) a PDVSA como una organización ilícita sin el consenso de ningún magistrado de otro país y ningún presidente, inclusive independientemente del mismo actual presidente Donald Trump.

Por otro lado al adoptar como sicofanta el extremismo de la agenda Trumpista y su gabinete ministerial “kakistocrático”, lejos de brindarle a Franceschi una ideología homologable al de querer ser Repúblico, compagina con el mismo radicalismo de sus hiperbólicos contrastes para brindar ideas que no son viables –en vez de promover una solución que es bastante simple. Al contrario, Franceschi le brinda deferencia al mismo corrupto Neo-Zcarista Vladimir Putin, remedándolo en sus dúplices posturas.

Recientemente, Franceschi ha llegado a tildarme por Twitter de ser un tronco de “marico” al yo decirle que su agenda consiste en hacer de la homosexualidad su chivo expiatorio, a la par con la cacería de brujas rusa de Vladimir Putin. Que gran elogio le replicaría, en parte, ya que me doy la tarea de conocerme, sin esconderme en subterfugios; a diferencia de Franceschi, quien realmente encubre su identidad entre delirio y mentiras.

Al igual que Chávez, quien suscitara el odio entre clases en nombre de un ficticio igualitarismo–el legado Castrista representado por Maduro hoy en día–, la ideología de Franceschi es divisiva, investida como predica su rechazo a la diversidad de géneros, tal como en la Edad Media hubiese sido negar que la tierra fuese redonda y no el centro del universo. Después de dos largos milenios de persecución occidental, gracias a una iglesia ortodoxa, la comunidad LGBTQ a la luz científica ha podido lograr su validación a través de un mejor entendimiento de lo que significa la diversidad de géneros , gestándose en los últimos sesenta años una apertura histórica a nuestra humanidad y concepto de familia: Una concepción mucho más avanzada que la limitada vision de la familia del medioevo–basada en un binomio heterosexual–que se fundamentaba sobre la procreación, y propiedades materiales y físicas– a ser reemplazado por el diseño del feto. En vez de ver lo positivo sobre la expansión del amor humano y las ciencias, Franceschi elige enemistarse en contra de un avance significativo, y demostrablemente en contra del 10% de la totalidad de la población humana, mientras se llena la boca con el eslogan de libertades colectivas autodenominándose–inmodestamente–como un venerable Repúblico entre repúblicos.

Franceschi es sumamente astuto en presentar medias verdades con el deseo de promover una Venezuela investida en la ortodoxia del cristianismo–el legado antisemítico del Imperio Romano– y así, con medias verdades, levantar las grandes mentiras que tanto le consumen: Un lobo con ansiedad mesiánica. Hay muchas voces venezolanas, de académicos que descuellan en todos los campos del saber, quienes agrupan células de resistencia activa en el anonimato, quienes realmente llevan la labor transformadora de nuestra Venezuela, quienes no malgastan sus tiempos como telenoveleros del entretenimiento para una audiencia de internautas. Por muchos méritos que pretenda autodenominarse, Farnceschi sigue siendo un advenedizo a las reformas que habrán de tomar lugar en nuestro país.

Venezolanos! Peor que el fraude del poder electoral es el partidismo corruptor de la oposición. Peor que la tiranía Castrista; Chavista, Islamita; Madurista y Diosdadista es la pasividad de un pueblo que continúa creyendo en liderazgos fantasiosos, o en el voto sagrado mientras se apañan a un estado corrupto. Peor que la tiranía es la mente del pueblo subyugado quien todavía cree en una salida electoral. Peor aún, es el que sigue pensando que sus oraciones para no rendirse a los tiranos les diesen consuelo alguno, el que cree que hay que orar rogando por medidas externas a sí mismos. Es el principio de un anfibio sumergido en ponchera sobre fuego, que se acostumbra al agua incluso cuando su existencia hierve hasta la muerte, igual al chivo atado que sólo puede moverse hasta la extensión de su traílla.

Ignorar la tiranía venezolana a través del abstencionismo electoral fue una táctica positiva, pero se necesitaba mucha acción para vencer a nuestros verdugos, de cuajo, removerle a la serpiente cascabel su cabeza. Hay que rechazarla en todas nuestras acciones. Rechazar la carnetizacion que activan los grillos del secuestro. La “carnetización” del partido autocrático de PSUV –representado por el tirano títere de Raul Castro, Nicolás Maduro–es un instrumento para adelantar la sumisión de la población venezolana a un regimen totalitario, emponzoñado por el Chavismo, como si marcaran la piel del ganado, análogo al sistema de campos de concentración de Hitler, garantizando así el ostracismo y genocidio de una mayoría disidente. La clase pobre que vende su alma por migajas para sobrevivir es presa de la ignominia de un sistema de matones partidistas del estado, quienes están dedicados a robar los bienes comunes de la nación en nombre de una revolución ficticia, apropiando ideologías igualitarias que no cuadran con su manera de delinquir. Que más quisiera la agenda Castrista que eliminar por desgaste a una oposición de algo parecido a 23 millones de venezolanos y así poder disponer libremente de las riquezas del territorio venezolano: El gran sueño del avaro Fidel. Pero los venezolanos no son iguales a los súbditos cubanos. Los venezolanos no se vencen en la indignation del silencio. Seria preferible resistirse por una Libertad que perdure que rendirse por el temor a la muerte.

Es necesario no darle sintonía a toda la red televisiva oficialista de la nación, como tampoco darle sintonía a reformadores reaccionarios iguales a Franceschi . No comprar ninguno de los periódicos del día que difunden la propaganda del Narco Estado. Hacer manifestaciones en contra de todos los bancos del país, quienes se desempeñan como proxenetas del sistema cambiario a instancias del Kremlin y el Narco Estado. No pagar de manera masiva los servicios de utilidades de luz y agua, además de teléfonos y celulares. Protestar en contra de sus tribunales y dirigentes del legislativo. Provocar un trancazo administrativo que afecte la gobernabilidad de la tiranía. Que sean ellos también los secuestrados. Dejar los carros trancando las calles. Sacrificar el trasporte público y privado como barricadas viales para que no haya movilización ni trabajo. Que todas las vías del país sean inaccesibles al trasporte militar y paramilitar. En otras palabras ejercer un paro cívico general que ahogue a los secuestradores del país, sin acceso siquiera a aviones o helicópteros. Que todos los restaurantes y centros comerciales de lujo, donde gravitan bolichicos y chavistas, se cierren para que dejen de hacer alarde de sus ostentaciones de poder dolarizante. Que tengan que huir de la furia de toda la masa civil y popular a la que han agobiado por casi dos décadas de latrocinio de bienes comunes. Que tengan que arrastrarse por el perdón y compasión del pueblo ultrajado. Que tengan que nadar de regreso a Cuba y correr a Colombia y al Medio Oriente cuanto mercenario funja con la tiranía. Que sufran el mismo escarmiento del pueblo. Que sean apresados por la DEA internacional por el tráfico de drogas que destruye la dignidad humana en cada rincón del mundo. Que mueran ahorcados en andamios públicos a manos de todas sus víctimas.

Estamos rodeados de muchas opiniones, declaraciones plausibles para entretenernos con posibilidades, muchas de ellas desde una percepción precisa, porque son un llamado a la sensatez ante una situación cada vez más difícil para todos los venezolanos. Sin embargo, siguen siendo una expresión de esperanza, expectativas que todos compartimos, a pesar del hecho de que no hayan dado lugar a una intervención en los últimos 19 años de interferencia cubana. Si ha habido una dilación de ese consenso que se busca, entre tantos países europeos y americanos, entre las agencias diplomáticas y las diversas instituciones de seguridad internacional, las mismas que han permanecido inmunes a la urgencia del caso; entonces es válido preguntarse si realmente hay precisión de propósito, si hay autenticidad en las motivaciones, si hay sinceridad y resuelvo. Podrían pasar otros dos, tres años y aún más nublándose una resolución entre excusas y excusas, entre oratorios oportunos a cada aspecto de la crisis, entre esfuerzos por organizar una coalición con el único propósito de organizarse sin ningún resultado efectivo, con una indolencia respetuosa, con total indiferencia hacia los escombros de una sociedad en ruinas, hacia una nación hambrienta, presa de la ignominia del exterminio, mientras los países de América y de Europa se entretienen con dudas y una adornada vacilación.

El coraje de la juventud es lo que convierte al anacronismo en terreno fértil para verdaderas revoluciones. Aquellos cínicos, hastiados y decrépitos, espumando perogrulladas sobre experticia, pueden pensar que la regresión y el estancamiento de tradiciones son fuerzas de autoridad; pero no hay necesidad de preocuparse, porque dichos vejestorios caerán en el olvido, y si fueren recordados alguna vez, será tan solo por la mancha de complacencia, la indolencia de mentes acomodaticias y mezquinas, pretendiendo resistirse al fragor de la iluminación.

22 Febrero 2018

Ricardo F Morín

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