Una Celebración en Nueva York

Durante los acontecimientos al azar de nuestra vida social, me pregunto ¿cuál es la importación de o a nuestra identidad personal? Tal vez nos influenciamos conjuntamente: Creo que pueda ser no tanto por el significado de nuestros pensamientos individuales, sino por la calidad de nuestra relación. Aunque, no puedo evitar sentirme arrastrado o impresionado por la aleatoriedad de todo.

RFM 05/12/14

Después de que la ‘Ley de la Defensa del Matrimonio” fuera declarada inconstitucional en junio de 2013 en los Estados Unidos de América, nuestros amigos John y Ted poco después habían procedido a celebrar su boda en una pequeña ceremonia privada en la residencia de ellos, en Washington DC. Habían vivido juntos por más de 16 años, casi tanto como David y yo hemos estado juntos. Fue una decisión tan repentina, que John y Ted no fueron capaces de incluir a sus amigos más cercanos y la familia de la ciudad de Nueva York y de otros lugares; por lo que el pasado viernes prepararon una cena especial para conmemorar su boda en el Club Lotos donde se quedaban en la ciudad de Nueva York. John, quien es un autor publicado y Ted, que es un musicólogo, han sido miembros del Club Lotos desde hace mucho tiempo.

El Lotos Club, uno de los clubes literarios más antiguos de los Estados Unidos, se estableció el 15 de marzo de 1870, por un grupo de jóvenes escritores, periodistas y críticos. El club fue nombrado “en broma” por la calidad de aficionados exhibida por los comedores de Lotos de la Odisea. Desde su creación, su misión era la de promover y desarrollar las artes y las humanidades, y proporcionar un lugar de encuentro para las profesiones liberales y otras personas interesadas sobre sus objetivos.

Entre los invitados de John y Ted se encontraban el hermano mayor de Ted, quien es un asesor financiero; su esposa, que es una mujer inglesa, dibujante de la flora y la fauna; un organista de iglesias; un administrador para una fundación de música, dos actores muy conocidos, uno jubilado y otro que sigue activo en sus setenta, y, finalmente, un arquitecto. Ahora, permítanme compartir el intercambio de ideas que tuvieron lugar.

Durante el brindis y entremeses hablé con John de la carta que había recibido del presidente Barack Obama cuando entonces expresé mi entendimiento de lo que podría tratarse de un intento de proteger las estrategias por el pueblo de Venezuela, del que pronto se espera pueda revertir la crisis. También hablé con el actor Greg Callahan sobre su reciente estreno de la película llamada “Default.”  Después a la sala del comedor en un elegante estilo Georgiano, entre los más cercanos a mí, me sentí muy intrigado por las extensas conversaciones, llenas de creencias cínicas acerca de la educación ineficaz y el imperativo de las nuevas generaciones para enfrentarse a sí mismas con otros países mediante el aumento de su poder adquisitivo. Y luego el interrogativo acerca de la próxima elección presidencial, en lo que respecta al hecho de que el poder parecía estar concentrado entre las dos familias, los Bush y los Clinton.Hasta ese momento, oí a todos en silencio hasta que el jesuita en mí finalmente logró el valor suficiente para poner las cartas sobre la mesa en un intento de aclarar algunas de las cuestiones que se estaban discutiendo. En una ocasión les sugerí que Elizabeth Warren era una oponente adecuada para la presidencia, aunque pueda ser difícil para ella competir en un ámbito nacional en este momento. También les sugerí que, finalmente, un latino podría plantearse en horizontes no muy lejanos. Me referí a alguien de la estatura del senador Robert Menéndez, y rechacé la idea de que Marco Rubio pudiese ser alguna vez una alternativa, ya que, a pesar de que era muy inteligente, él nació en Canadá.Mientras continuaban a hablar en mofa sobre los inmigrantes ilegales, critiqué la idea de que los hispanos fueran considerados ajenos a los Estados Unidos. Les recordé a todos que los hispanos han estado aquí alrededor de un siglo antes de que los ingleses hubiesen llegado a éste continente. A continuación, la conversación cambió a un tono más bien farisaico al hablarse de los inmigrantes ilegales; cuando también argumenté que sin la mano de obra mexicana y centroamericana, legal o no; este país no funcionaría. En cualquier caso, las conversaciones estaban llenas de banalidades, y el contenido era bastante convencional. Todo el mundo fue muy afable pero me sentí aún más fuera de lugar.

Antes de partir esa noche, la atención fue traída al hecho de que la posición actual del Club Lotos se ha utilizado desde 1947 y que el hermoso edificio que ocupa en la calle 66 al este de la ciudad, en un tipo de estilo francés Cartouche, había estado construido en el año 1900, encargado por una dama de la alta sociedad de Nueva York como regalo de bodas para su hija.RFM 05/12/14

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