La Perla Sublime del Adriático

Saludo al Palacio Ducal por el vedutista símbolo  de Venecia Antonio Canaletto 1697-1768,

Saludo al Palacio Ducal por el ‘vedutista’, símbolo de Venecia, Antonio Canaleto 1697-1768,

 

Antes de visitar la República de Venecia, dibujé la memoria que el genovés Cristóbal Colón, había bautizado a mi país como la Pequeña Venecia. Mientras que Venecia fue construida sobre un delta en la laguna de Veneta al borde del mar Adriático, Venezuela era un universo paralelo, sobre el lago de Maracaibo al borde del Mar Caribe, donde hubiésen chozas nativas, precariamente apoyadas sobre pilotes clavados en el fango profundo de las aguas.

A diferencia de las asociaciones de Cristóbal Colón entre Venecia y Venezuela, a mi parecer, Venecia era sumamente romántica e idealizada antes de verla. La conocía a través de las ilustraciones pictóricas, las inigualables pinturas de Giovanni Canaletto y Francesco Guardi, por los grabados majestuosos de la Antigüedad de Giovanni Piranesi y por las fantásticas vistas panorámicas del pintor Inglés William Turner. En suma, la conocía a través de tantas apologías artísticas y poéticas, por el eco de Thomas Mann , Nietzsche , Goethe ; como el eliseo del mar ( según Poe ); la reina de los mares (según Dickens); la locura producto del genio (según Herzen ); mitad trampa, mitad fábula (según Mann); la ensoñación de un espejismo de laguna, fantasía ultra-terrena, la ciudad inverosímil de Carlo Goldoni, a través de los ojos de sus amantes, quienes la contemplaron al paso de los siglos con tanto ardor, a pesar de todos los desafíos ambientales de nuestros tiempos. Creo Venecia ostenta su encanto precisamente en su propia fragilidad. Venecia es sin duda alguna así de incomparable. Solo véanse el testimonio de sus grandes monumentos, sus centenarios puentes y canales, 400 y 180 respectivamente, investidos por la magia de una gran perseverancia y talento, por los que ella logra lógicamente a acceder al título nobiliario, merecidamente recibido, como la Serenísima.

Como pintor , mi gran interés fue el hallazgo estrecho, con una vista magnificante del suavísimo y dulce colorido de las pinturas al óleo de Antonio Vivarini, Pisanello, Giovanni Bellini, Vittore Carpaccio, Jacopo Basano, Tiziano Vecelli, Palma il Vecchio, il Furioso Jacopo Tintoretto, Lorenzo Lotto, Paolo Veronese, y Gianbattista Tiepolo-– sólo para nombrar algunos de los grandes pintores de Venecia. No existe manejo alguno similar a la manipulación de los colores de la escuela veneciana clásica, a su agridulce espectro característico que profundiza la atmósfera que cubre generosamente la forma humana, como ninguna otra escuela ha sido capaz de hacerlo. Aunque su elegancia y riqueza son intangibles; su goce es también inigualable. Todo en Venecia habla de un carácter único y apasionado sobre su ascendencia. De igual medida su arquitectura palaciega donde se combinan tantos estilos: el bizantino , el musulmán , el gótico, el de Palladio–del mundialmente famoso arquitecto veneciano Andrea Palladio, políglota renacentista, traductor de los cánones de la Antigüedad griega y romana– a la exuberancia del barroco representado por Baldassare Longhena.  Aún así, entre un montón de cosas de que hablar en tan poco tiempo, entre una gran abundancia de aclamaciones, no hay manera de hacerle justicia a Venecia.

Debido a las limitaciones físicas de mi madre, fuimos por primera vez en Venecia por sólo tres días , una visita que se suponía ser liviana . Nos alojamos en el hermoso Hotel Amadeus, a poca distancia de la estación de tren de Santa Lucía para continuar después en camino a Roma. Su ubicación privilegiada en el centro de Venecia, hacen de este hotel único, estando cerca del Gran Canal, y al corto espacio , en que se puede caminar a las atracciones principales, como el barrio judío, el Casino de Venecia, el Puente de Rialto y la Piazza San Marcos. Estábamos en la estación de otoño en la que hubieran menos turistas, pero muchos jóvenes todavía disfrutaban del aire libre, en sus múltiples puentes , o socializando en amplias plazas. En una ocasión tuvimos una pequeño almuerzo en el elegante Café Florian, abierto desde el siglo XVIII en la Plaza de San Marcos. En este lugar, fuimos acompañados por el hermoso sonido de una orquestra sinfónica al aire libre. Este fue también la comida más cara que jamás hallamos tenido en nuestras vidas, pero valió la pena, una experiencia verdaderamente inolvidable. Después caminamos por las calles y callejones laberínticos para admirar los espacios íntimos y fachadas exuberantes . Luego también tuvimos tiempo para ir en bote en la Bienal de Venecia : La 48 ª Exposición Internacional de Arte en los Giardini di Castello , en la parte oriental de la ciudad , con capacidad para 88 pabellones , entre ellos estaba el Pabellón de Venezuela. Al final de Roma a Venezuela, mientras esperábamos, mi madre me pidió acercarme a ella frente a una gran pared de espejos y me dijo: de esta manera nos recordaremos siempre.

Ricardo Morin 04/14/14

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