Plegaria a un Tirano

Si Dios quiera! Sería suficiente si nuestra determinación de superar grandes obstáculos fuera posible, sin dejarnos intimidar por el enorme desafío que nos enfrenta.  Gracias a Dios! Podría ser que nuestra miseria pueda ser ahogada por la valentía de observarla tal y como es. Que no se ignore! Parece que en el cumplimiento de nuestros miedos, tal vez el miedo mismo ha debilitado nuestra voluntad, si no fuese por un orden que deba prevalecer, a pesar de cualquier ignominia.

Dios mío, que no se diga que, en cualquier momento, nos hemos rendido a la servitud. Un tirano no podría prevalecer mientras él haga lo que quiera, mientras él se pudra en su estrago. Por lo que sabemos, el propio hilván es el resultado de su ceguera. Que Dios te ayude y tenga para dejar de existir la crueldad de tu propio corazón. Mantengámoslo entre nosotros! No se avergüence de que apoyamos su arrepentimiento. Es una pena que no te hayas dado cuenta tu vida sea cruel, y de que no dispongas del interés, la pasión, la intensidad, de la llama, para encontrar un ordenamiento a todo.

Que se sepa que todos somos responsables: Eres igual un reflejo de nuestra debilidad colectiva. Digo esto, para que lo puedas entender. Podríamos aceptar alguna responsabilidad si fuéramos a hundirnos en nuestra propia barbarie, nuestra somnolencia? Nadie pudiera disociarse de esta posibilidad, sin el coraje de enfrentarse a uno mismo. Cada día y a cada momento, perdemos nuestra identidad como seres humanos debido a nuestra indiferencia. Que no sea así! ¿Sería posible que te hubiéramos odiado? Debería ser suficiente con que disfrutemos darle la compasión que nos hubieras negado.

Antes de que sea demasiado tarde, le recomendamos: Todo lo que uno pueda hacer es ver el desorden total que está dentro y fuera de uno mismo. Observadlo! Se podría ver este desorden de una sola vez, y pudiese ser lo único que importa, es decir: observar todo al instante, sin contradicción. Cuando se viera al peligro del desorden, habría una acción inmediata, que sería la negación total de toda la cultura que diese lugar a ello, y se encontraría dentro de uno mismo. Es fácil de que fuese cierto. Bueno, sería cierto, a menos que te enterrases en el sopor de la indolencia.

Ciudad de Nueva York, 14/01/2014

Ricardo Morín, Universidad Yale, M.F.A. ’83

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