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enero 20, 2014
Diferentes etapas de su vida

Diferentes etapas de su vida

Recientemente pude compartir con ustedes la genealogía de mis antepasados paternos, originarios de las Islas Canarias, que durante seis generaciones, se remontaban a los principios del siglo XVIII. Desafortunadamente, no he podido hacer un estudio genealógico tan amplio sobre la ascendencia de mis antepasados maternos, pero he querido compartir con ustedes todo lo que he sabido a través de los recuerdos biográficos de mi madre.

Se sabe muy poco de mis bisabuelos maternos Elogio Tortolero y Paula Ojeda excepto que poseían una gran finca en el sur del Estado Carabobo Venezuela alrededor del siglo XIX. A continuación mis abuelos, Rafael Tortolero (nacido en 1893) y Marcolina Rivero (nacida en 1898) poseían extensas tierras que trabajaban como productores de caña y agricultores de café en las montañas conocidas como el “Fundo de (culo de) Jorge” [que toman el nombre de mi tatarabuelo], a pesar de que han sido nombradas oficialmente como “Banco Largo,” en torno al pueblo de Bejuma en una hermosa región de Venezuela. Desde la época colonial, se pensaba que la familia de mi madre era descendiente de origen español sefardí, de la región de Toledo. Pero no he podido recopilar la documentación necesaria para verificar esto.

María Teresa, como fuese bautizada mi madre, nació en 1927 en las proximidades de Bejuma en una casa grande, que ella describía ser de siete habitaciones. Desde que era un niña escribió poemas inspirados por su entorno, así como por el amor que recibía de sus padres. Por desgracia, a la edad de 11 años perdió a su madre a causa de una eclampsia por el fallo de un sexto embarazo a la edad de 39 años, y al año siguiente, perdió también a su padre de una neumonía a la edad de 46 años. Como resultado, entre 1938 a 1946 fue internada en el Colegio de Lourdes de Valencia, tal como lo hubiese ordenado su guía espiritual, “in locus parentis”, el Padre Francisco Martínez. A los dieciocho años, completó su preparación como higienista docente y secretaría de contabilidad.  Al año siguiente contrajo matrimonio civil con un inmigrante ruso, pero el matrimonio no se consumó porque el esposado se había inexplicablemente desaparecido con todos los ahorros de mi madre. Un año más tarde, ella buscó el consejo de un abogado, con quien finalmente se casó; siendo este mi padre. Ella recordó que se habían conocido cuando él era representante sindical legal de la Empresa Azucarera Central Tacarigua cerca del lago de Valencia donde ella había empezado a trabajar a la edad de 20 años.

Habiéndose casado por segunda vez a los 24 años y después de ocho embarazos, sólo cinco niños sobrevivieron de los cuales yo soy el segundo. Durante once años, entre las edades de 49 a 57, luchó en un divorcio muy reñido de mi padre. Después de estar casada con un abogado por 27 años, regresó a la escuela durante siete años, de modo que obtuviese el título de abogado a los 64 años en 1991, especializándose en el campo de la protección de menores. Por cierto, a los 58 años se casó con otro abogado 15 años menor que ella ; sin embargo el matrimonio no duraría mas de dos años. En su finales de los 60 y principios de los 70 realiza un esfuerzo para construir un cuerpo de trabajo sobre su poesía. En 1998 dejó de trabajar como abogado y se dedica a sus nietos a tiempo completo. En 1999 tuvimos la oportunidad de viajar juntos en Europa por un mes, cuando tenía setenta y dos años. Al año siguiente, ella fue diagnosticada con la enfermedad del Alzheimer, y sin embargo en 2004, ella era todavía lo suficientemente estable como para disfrutar por primera vez conocer a mi compañero de vida David Lowenberger, aquí en Nueva York. Ella estaba realmente impresionada de él, así como de mi suegra Eva Löwenberger. Más tarde, en 2011, mi madre murió de la etapa más avanzada de la enfermedad de Alzheimer a la edad de 84 años. Desde que puedo recordar, además de escribir poesía, mi madre profundizaba sobre diversos temas metafísicos y esotéricos, que le habían conservado su entusiasmo por la vida. Me decía que había empezado a leer Jiddu Krishnamurti en sus veinte años, y me acordé de que ella solía hablar de él con gran admiración desde que yo era un adolescente. Amaba también todas las artes, y le complacía que nosotros, sus hijos, estuviésemos interesados en ellas. Su estímulo me llevó a convertirme en un artista desde la infancia. Para concluir este relato, me gustaría leer una nota escrita a mano en español, la cual recibí de ella cinco años antes de su muerte:

« Alas al Viento »

Sigue su raudo vuelo

con el paso de su sino

que ancho y largo es el camino

y si al primer paso has caido

Avecilla mal herida

levanta tus ojos al cielo

No temas mas al destino

que es de cobardes la huída

cuando el amor es divino

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Plegaria a un Tirano

enero 14, 2014

Si Dios quiera! Sería suficiente si nuestra determinación de superar grandes obstáculos fuera posible, sin dejarnos intimidar por el enorme desafío que nos enfrenta.  Gracias a Dios! Podría ser que nuestra miseria pueda ser ahogada por la valentía de observarla tal y como es. Que no se ignore! Parece que en el cumplimiento de nuestros miedos, tal vez el miedo mismo ha debilitado nuestra voluntad, si no fuese por un orden que deba prevalecer, a pesar de cualquier ignominia.

Dios mío, que no se diga que, en cualquier momento, nos hemos rendido a la servitud. Un tirano no podría prevalecer mientras él haga lo que quiera, mientras él se pudra en su estrago. Por lo que sabemos, el propio hilván es el resultado de su ceguera. Que Dios te ayude y tenga para dejar de existir la crueldad de tu propio corazón. Mantengámoslo entre nosotros! No se avergüence de que apoyamos su arrepentimiento. Es una pena que no te hayas dado cuenta tu vida sea cruel, y de que no dispongas del interés, la pasión, la intensidad, de la llama, para encontrar un ordenamiento a todo.

Que se sepa que todos somos responsables: Eres igual un reflejo de nuestra debilidad colectiva. Digo esto, para que lo puedas entender. Podríamos aceptar alguna responsabilidad si fuéramos a hundirnos en nuestra propia barbarie, nuestra somnolencia? Nadie pudiera disociarse de esta posibilidad, sin el coraje de enfrentarse a uno mismo. Cada día y a cada momento, perdemos nuestra identidad como seres humanos debido a nuestra indiferencia. Que no sea así! ¿Sería posible que te hubiéramos odiado? Debería ser suficiente con que disfrutemos darle la compasión que nos hubieras negado.

Antes de que sea demasiado tarde, le recomendamos: Todo lo que uno pueda hacer es ver el desorden total que está dentro y fuera de uno mismo. Observadlo! Se podría ver este desorden de una sola vez, y pudiese ser lo único que importa, es decir: observar todo al instante, sin contradicción. Cuando se viera al peligro del desorden, habría una acción inmediata, que sería la negación total de toda la cultura que diese lugar a ello, y se encontraría dentro de uno mismo. Es fácil de que fuese cierto. Bueno, sería cierto, a menos que te enterrases en el sopor de la indolencia.

Ciudad de Nueva York, 14/01/2014

Ricardo Morín, Universidad Yale, M.F.A. ’83